Gordon Brown se acerca a sus primeras elecciones (accedió al cargo tras la dimisión de Tony Blair, el auténtico Primer Ministro electo) y su popularidad ha ido a menos desde el primer día. Rowling es consciente de ello, y aprovecha su influencia para apoyar a su amigo en todo lo posible. La autora hace referencia a las políticas socialistas de Brown, y para romper con el mito de hombre antipático y oscuro que le rodea, Rowling le describe como "afable, divertido", "un gran escuchador" y "amigo fiel". Ella no lo duda: quiere que siga en el cargo después de las elecciones.
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